Mucho antes de los emojis, existía una forma elegante (y muy sutil) de expresar emociones: el lenguaje del abanico.
Esta ilustración revive ese código secreto lleno de gracia y complicidad, donde cada gesto con el abanico decía más que mil palabras: «Estoy soltera», «Llámame», «No estoy interesada», «Me gustas», «Tengo pareja»…
Ideal para quienes aman los guiños históricos, los pequeños detalles y la belleza de la comunicación no verbal.







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