Ay, esas manos… Las que te han dado de comer toda la vida. Las que saben el secreto del mejor salmorejo del mundo.
Un cuenco de barro, un mantel de siempre, y el amor que no se ve, pero se siente.
¿Ya te está rugiendo el estómago? Porque el corazón seguro que ya está lleno.
«Esas manos que guardan con esmero vidas enteras de recetas con poco y nada. Manos que conocen sabores mantenidos en el tiempo y olores que alimentan el recuerdo y el corazón. Esas manos que retienen en sus huesos y en su piel lo pulido con fuego y sal.»











Valoraciones
No hay valoraciones aún.